Detalló Infobae que la pelea por el control del aparato peronista en la Provincia ya tiene dos perfiles en danza. Mientras el Gobernador impulsa una salida institucional con su vicegobernadora, el intendente de Lomas de Zamora asoma como la carta de negociación territorial. La disputa expone la fractura terminal entre la gestión provincial y La Cámpora.
La batalla silenciosa, y a veces no tanto, por la conducción del Partido Justicialista (PJ) de la provincia de Buenos Aires ha entrado en una fase decisiva. En un escenario de fragmentación política y con la relación entre el gobernador Axel Kicillof y el liderazgo de Máximo Kirchner en un punto de no retorno, la danza de nombres para suceder al hijo de la expresidenta ha comenzado. Dos figuras pican en punta para intentar ordenar el complejo rompecabezas bonaerense: la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente de Lomas de Zamora, Federico Otermín.
La aparición de estos nombres responde a dos lógicas de construcción de poder enfrentadas. Por un lado, la figura de Magario es vista desde la gobernación como una salida «institucional» y de peso territorial (con base en La Matanza) que permitiría a Kicillof tener una sintonía fina con el partido, algo que hoy no ocurre. Su perfil garantizaría una transición ordenada y le daría al mandatario provincial el respaldo orgánico que necesita para su proyección nacional, arrebatándole la «lapicera» a La Cámpora.
En la vereda de enfrente, o quizás en el carril del medio, asoma Federico Otermín. El jefe comunal de Lomas de Zamora es un alfil clave del conurbano que mantiene puentes con todos los sectores, incluida la conducción camporista y los intendentes dialoguistas. Su nombre surge como una posible prenda de unidad o, al menos, como una carta fuerte para que el kirchnerismo duro no pierda totalmente el control de la estructura partidaria ante el avance del «kicillofismo».
De fondo, lo que se discute no son solo cargos, sino la supervivencia política de los distintos tribus del peronismo. Las disidencias entre Kicillof y los Kirchner ya no se disimulan: el gobernador reclama «componer una nueva canción» y democratizar las decisiones, mientras que desde el Instituto Patria le marcan la cancha y le exigen subordinación estratégica. La elección del próximo presidente del PJ bonaerense será el test definitivo para saber quién manda realmente en el distrito electoral más grande del país: si el gobernador que gestiona o la estructura histórica que digita las listas.






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