La interna en el seno del Partido Justicialista (PJ) argentino se profundizó tras la ausencia de la ex presidenta Cristina Kirchner, internada por un cuadro de apendicitis y peritonitis localizada desde hace casi una semana, sin una fecha estimada de alta médica. Su repliegue de la actividad política y partidaria ha alterado el equilibrio de fuerzas dentro del peronismo, que ya venía tensionado tras los resultados electorales y las discusiones sobre la conducción futura del espacio político. 

Desde su hospitalización, distintos episodios políticos y sociales reflejaron cómo esa falta de presencia activa de Cristina dejó un vacío en la coordinación de los sectores peronistas. En algunos municipios, como Quilmes, se registraron controversias por decisiones del Concejo Deliberante que provocaron enfrentamientos entre militantes y la policía, ilustrando la fractura en la capacidad de gestión y diálogo que la expresidenta solía mediar. 

La ausencia de Cristina también se siente en la disputa por la reorganización partidaria: sectores alineados con ella y con su hijo, Máximo Kirchner, enfrentan a dirigentes que impulsan alternativas, como el gobernador bonaerense Axel Kicillof, quien ha fortalecido su propio proyecto político nacional. Esta pugna incluye diferencias sobre prioridades estratégicas, alianzas territoriales y liderazgos emergentes dentro del peronismo. 

En este contexto, la figura de Cristina Kirchner dejó de ser el factor ordenador que había sido hasta recientemente, lo que ha generado una mayor visibilidad de enfrentamientos entre agrupaciones internas. La ausencia prolongada de la ex presidenta plantea interrogantes sobre cómo se resolverán estas tensiones en un partido que enfrenta desafíos tanto electorales como de cohesión interna de cara a los próximos años.

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