El plantel xeneize dio inicio a los trabajos físicos en el predio de Ezeiza, pero el cuerpo técnico se encontró con una ausencia obligada que altera la planificación de los amistosos.
El club de la Ribera puso en marcha sus motores para afrontar un 2026 cargado de desafíos deportivos, aunque el arranque no fue el ideal para el entrenador. Se conoció la mala noticia que recibió Boca en el inicio de la pretemporada al confirmarse la lesión de uno de sus jugadores fundamentales durante las pruebas físicas de rutina. El futbolista afectado, cuya identidad se preservó en los primeros minutos del entrenamiento, sufrió un desgarro que lo marginará de las canchas por al menos tres semanas, perdiéndose así la parte más intensa de la puesta a punto. Esta baja obliga a la dirigencia a acelerar las gestiones en el mercado de pases para cubrir un puesto que ya se encontraba debilitado. Mientras tanto, el resto del plantel realizó tareas de gimnasio y pasadas de velocidad bajo la atenta mirada de Juan Román Riquelme, quien se hizo presente en el predio para dialogar con los referentes. La planificación original incluía un viaje a la costa para continuar con los trabajos de playa, pero este inconveniente médico podría forzar algunos cambios en la logística de los próximos días. El cuerpo médico trabajará a doble turno con el lesionado para intentar que llegue en condiciones al debut en el torneo local.






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