Según Infobae, de cara a las elecciones partidarias de marzo, el gobernador busca que su vice asuma la conducción, una movida resistida por La Cámpora. Ante la falta de acuerdo y el riesgo de ruptura, el intendente de La Plata asoma como la opción de consenso para evitar la disputa interna.

El calendario del peronismo bonaerense ha activado su cuenta regresiva. Con las elecciones partidarias fijadas para el 15 de marzo de 2026 y un cierre de listas que vence el próximo 8 de febrero, el verano se presenta agitado para la dirigencia provincial. Lo que está en juego no es solo el sello del PJ, sino el control del aparato político más grande del país de cara a la disputa presidencial de 2027.

En el centro del tablero, la estrategia de Axel Kicillof es clara: tomar el mando del partido para alinear la estructura bonaerense con su proyección nacional. Para esta misión, la elegida del gobernador es su vice, Verónica Magario. La matancera explicitó sus intenciones a finales del año pasado en un acto junto a Fernando Espinoza, donde aseguró: «Vamos a ir por la herramienta del Partido Justicialista», recibiendo el respaldo público del mandatario provincial.

Sin embargo, el nombre de Magario ha chocado con la resistencia del cristinismo. Desde La Cámpora y el entorno de Máximo Kirchner, quien hoy detenta la presidencia del partido, advierten que la vicegobernadora «no es una figura de consenso» para esta etapa. Cuestionan la acumulación de poder de La Matanza y reclaman espacios para otros sectores. «No es un fenómeno político», deslizan desde las filas camporistas, vetando virtualmente su ascenso a la presidencia del partido.

Ante este escenario de bloqueo mutuo, donde el «kicillofismo» impulsa a propios (como Magario, Gabriel Katopodis o Mariano Cascallares) y el kirchnerismo busca retener el control (con nombres como Mayra Mendoza o Federico Otermín), ha comenzado a ganar fuerza una tercera opción: Julio Alak.

El intendente de La Plata emerge como la «llave» para evitar una interna sangrienta. Su perfil histórico y su capacidad de diálogo con todas las tribus lo posicionan como un candidato de síntesis viable. Según analizan en las mesas de negociación, Alak tiene la ventaja de trascender la grieta interna: es un hombre de confianza de Kicillof, pero respetado por el Instituto Patria. «Si la presidencia la tiene Magario, el control es de Axel. Si la tiene Mayra, es del cristinismo. Alak trasciende esa disputa», resumen fuentes del peronismo.

Las próximas semanas serán determinantes. Mientras Kicillof busca consolidar su liderazgo y «despegarse» de las fricciones del conurbano para enfocarse en la nación, el kirchnerismo intenta mantener su bastión de resistencia. Si no se logra un acuerdo de unidad encabezado por una figura como Alak, el PJ Bonaerense podría encaminarse a una competencia voto a voto que adelantaría la pelea de fondo por el liderazgo del movimiento.

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