Tras meses de tensión, el kirchnerismo y el «kicillofismo» conformaron una mesa de diálogo permanente. Resolvieron ordenar primero las internas distritales y luego definir la cúpula partidaria, con el Gobernador como figura de consenso.
El peronismo de la provincia de Buenos Aires dio el primer paso concreto para desactivar su interna más feroz. En una reunión que sentó a las partes enfrentadas por primera vez en meses, el sector liderado por Axel Kicillof y el kirchnerismo duro comenzaron a delinear un acuerdo para que el Gobernador asuma la conducción del PJ Bonaerense.
La mesa de negociación, integrada por «alfiles» como Andrés Larroque y Gabriel Katopodis (por Kicillof) y Facundo Tignanelli y Federico Otermín (por Cristina Kirchner), estableció un método pragmático ante la urgencia de los plazos: resolver primero los conflictos en los distritos para luego definir la cúpula partidaria.
Aunque el clima fue tenso, el saldo del encuentro fue positivo. El principal punto de fricción sigue siendo el armado del Consejo del Partido: el kicillofismo reclama una mayor injerencia en la toma de decisiones, mientras que desde La Cámpora advierten sobre los riesgos de ceder el «control total». Sin embargo, el gesto público de Máximo Kirchnersugiriendo que Kicillof debería presidir el partido aceleró los tiempos de una tregua necesaria para la estrategia nacional del espacio.






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