Los intendentes territoriales derrotaron a los candidatos de Máximo Kirchner, dejando a la agrupación con menos del 10% de los votos en distritos clave.
Las elecciones en seis departamentos de Mendoza dejaron un mensaje demoledor para la conducción de La Cámpora. El peronismo tradicional, comandado por los intendentes, barrió a los candidatos de Máximo Kirchner en las urnas. En departamentos como San Rafael, Luján de Cuyo y Rivadavia, el kirchnerismo apenas alcanzó el 10% de los votos, quedando relegado a un cómodo cuarto puesto.
Esta derrota se interpreta como una señal de alerta para Axel Kicillof. En el peronismo del interior sostienen que el gobernador bonaerense está demasiado identificado con el discurso dogmático de Cristina Kirchner, lo que genera un fuerte rechazo fuera de Buenos Aires. «En las provincias les va mal a los candidatos kirchneristas», advierten los dirigentes que ya miran hacia 2027 con preocupación.
Incluso en La Libertad Avanza celebran el resultado. Desde el oficialismo nacional consideran que Kicillof es el rival ideal para polarizar, precisamente por su debilidad territorial en el interior del país. Mientras tanto, en el Conurbano, algunos intendentes que antes apoyaban al gobernador ahora sugieren desdoblar las elecciones para «salvar» sus distritos ante la falta de fuerza de la boleta nacional.
En definitiva, la interna mendocina desnudó que el peronismo solo es competitivo cuando va unido tras figuras locales. La insistencia de La Cámpora por imponer candidatos propios terminó dejándolos sin concejales en varios distritos y obligando al partido a rediscutir si el liderazgo de Kicillof tiene el peso suficiente para encabezar un proyecto federal.






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