Los ataques de pumas se han convertido en una amenaza constante para los productores ganaderos de la región. Los felinos arrasan con los rodeos día tras día, matando ovejas, terneros y hasta burros, dejando a los criadores en una situación cada vez más crítica.
La situación ha llegado a extremos alarmantes. Hay productores que reportan pérdidas tan significativas que apenas les quedan animales en sus campos. Algunos casos documentan reducciones drásticas de los rebaños, donde de decenas de cabezas pasan a tener apenas un puñado de sobrevivientes.
Frente a esta crisis, los ganaderos se enfrentan a decisiones difíciles. Muchos han tenido que recurrir a la construcción de jaulas y estructuras de protección para salvaguardar a sus animales durante la noche, implementando sistemas que requieren inversión y mantenimiento constante. Sin embargo, no todos logran sostener estas medidas.
Para otros productores, la situación se ha vuelto insostenible. La presión económica y la pérdida continua de hacienda los ha llevado a considerar seriamente el abandono de la actividad ganadera, actividad que en muchos casos ha sido la base de su subsistencia familiar y económica durante generaciones.
Los ataques ocurren de manera sistemática, sin importar el tipo de animal. Los pumas no discriminan entre ovejas pequeñas, terneros en desarrollo o incluso burros más grandes, lo que demuestra la magnitud del problema y la dificultad de controlarlo.
Los productores rurales claman por soluciones ante una depredación que está transformando el paisaje productivo de la región y poniendo en riesgo la viabilidad de la ganadería como actividad económica viable en las zonas afectadas.
Imagen: Lisa Fotios / Pexels – Con informacion de Clarín Rural






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