En las empresas del sector agropecuario existe una práctica extendida que compromete silenciosamente los resultados financieros: la gestión pasiva de la liquidez de corto plazo. Detrás de esta decisión suele haber un razonamiento lógico pero miope: priorizar la facilidad sobre la rentabilidad.

Cuando una empresa necesita mantener fondos disponibles para operaciones corrientes, la opción más sencilla parece ser colocarlos en un fondo común de inversión «money market» de liquidez inmediata. Estos instrumentos cumplen su función: garantizan que el dinero esté accesible sin demoras. Sin embargo, el costo de esa comodidad raramente se explicita.

Los rendimientos de estos fondos suelen ser modestos. En comparación con otras alternativas que el mercado ofrece, la diferencia puede resultar considerable. Pero lo más problemático es que esa diferencia no aparece como un «gasto» en los registros contables de la empresa, sino como un ingreso menor al esperado o simplemente como algo que nunca fue considerado.

Esta invisibilidad de la pérdida es lo que la vuelve particularmente peligrosa. Si un empresario viera de forma clara y cuantificada lo que le cuesta mantener sus fondos en instrumentos poco rentables por comodidad, probablemente reconsideraría la estrategia. Pero al no visualizarse el costo, la práctica persiste.

En el contexto actual de la economía argentina, donde la volatilidad y la incertidumbre son constantes, esta desatención a las finanzas de corto plazo representa un lujo que pocas empresas pueden permitirse. Cada peso debe trabajar y generar el máximo rendimiento posible dentro de los márgenes de riesgo aceptables.

El llamado de atención de especialistas en finanzas agropecuarias es contundente: revisar las decisiones sobre liquidez, cuantificar los costos reales de la comodidad y replantearse las estrategias es hoy una necesidad, no un lujo.

Imagen: https://kaboompics.com/ / Pexels – Con informacion de Bichos del Campo

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